Por Ricardo Arias Calderón
II Congreso de Mujeres Demócratas Cristianos, organizado por Acción Femenina Demócrata Cristiana, en 1984.

Quiero agradecer de manera muy especial a las mujeres demócratas cristianas y a su directiva saliente, con su Secretaria General saliente, Susana de Chen Barría, el esfuerzo que han puesto en la realización del II Congreso de Acción Femenina Demócrata Cristiana.

Más allá de este agradecimiento, quisiera reconocer la participación de todas las mujeres demócratas cristianas en lo que fue nuestro esfuerzo electoral y, en lo que ha sido y continua siendo, nuestra lucha contra el fraude, la corrupción acumulada de 16 años y los extravíos reiterados del militarismo, que sigue enseñoreado, como también en nuestra lucha por poner orden en las finanzas del Estado panameño.

Tendría que mencionar a demasiadas de ustedes de modo especial pero puesto que somos demócratas debo, sobre todo, destacar aquellas que el pueblo mismo ha escogido a través de su voto: a Carmen de Tejada, legisladora suplente de La Chorrera, donde el pueblo escogió a un legislador demócrata cristiano, alcalde demócrata cristiano y representantes de corregimiento demócratas cristianos; a Noris Clavel de Brea, legisladora suplente de Cañazas, un distrito que desde hace más de 25 años da mayoría tras mayoría a la Democracia Cristiana, en anticipo de lo que será el país a corto plazo; Isaura de De las Casas, legisladora suplente, miembro de la Comisión Política; Nelly de Figueroa, representante de Bella Vista, quien ha estado haciendo tan buena labor en tan poco tiempo. Quiero, además destacar a Mery Troya, elegida el año pasado vicepresidenta de la Juventud Demócrata Cristiana de América. En una de mis últimas conversaciones con Arístides Calvani, hablando de un seminario de JUDCA, me dijo: “Lo mejor vino de Panamá, y era mujer, se llamaba Mery Troya”.  Tenía toda la razón.

También quiero agradecer muy especialmente a varias personalidades de grupos amigos, entre ellos UNIDAD, que nos ha acompañado durante todo el día, aunque algunas no hayan podido acompañarnos hasta el final de esta larga jornada, a: Otilia Arosemena de Tejeira, Doris Harris, Ángela Godoy, Delia Cárdenas, Aurorita de Espinoza, Rosario de Galindo, Querube de Carles, Olga de Oller, Lucrecia de Cozzarelli, Elsa Valdés, Gladys Valdés y Aura Feraud.

Tema del Congreso: El Código de la Familia

El tema que ustedes han escogido para discutir es el Código de la Familia, para promover su estudio ante la opinión pública. No han escogido este tema por accidente. Lo hicieron impulsadas por la ideología demócrata cristiana, uno de cuyas características es reconocer a la familia como la comunidad básica de la sociedad, y no en abstracto, sino en la mente y en el corazón de todos los hombres. Lo hicieron también porque el programa del Partido Demócrata Cristiano insiste en enfocar toda la política socio-económica a través del prisma fundamental del bienestar de la familia, de su desarrollo, de su unidad, de su estabilidad, y lo señalaba Elsa Valdés, de su dinamismo y de su capacidad para darle vida, calor y orientación a toda la sociedad.

Ustedes han escogido este tema en razón de años de lucha. En 1981, mujeres demócratas cristianas participaron en la vanguardia de la lucha contra el proyecto de ley presentado por el entonces presidente Royo, que creaba el famoso o más bien notorio Instituto de la Familia. Lo combatimos con ustedes a la cabeza, porque era inconsulto, era estatista, era acaparador, era burocrático, no tenía ni compartía la visión judeo-cristiana de la familia. Con ustedes a la cabeza logramos ponerle un alto a ese proyecto.

De los años de 1981 a 1982, ustedes mantuvieron ya no una lucha contra, más bien una lucha a favor de la Comisión Nacional de la Familia, presidida por el arzobispo Monseñor McGrath, quien analizó la verdad, la dura y crítica verdad, de la situación por la que atraviesa la familia panameña. No tuve la oportunidad de revisar ese análisis pero la Comisión nos planteó con honradez la situación concreta de las familias panameñas, especialmente las familias que menos tienen y más aguantan: el 70 % de las familias panameñas tienen un ingreso mensual por debajo de lo que se necesita para cubrir la canasta básica de alimentos y otras necesidades indispensables. Es hacia esas familias panameñas que se extiende la mano y la acción Demócrata Cristiana, por encima de cualquier otro grupo humano. Ustedes estuvieron a la vanguardia de ese esfuerzo analítico de CONAFA y participaron en la propuesta de la Comisión Nacional de la Familia a favor de la familia, propuesta que, al estar presidida la Comisión por el Arzobispo de Panamá no podía menos que ser una propuesta de hondo contenido social cristiano. En el fondo de esta propuesta de CONAFA se encuentra la frase que resume una verdadera y sana política hacia la familia: “ayudar a la familia panameña a ayudarse a ella misma”. Por eso ustedes, mujeres demócratas cristianas, estuvieron trabajando con CONAFA, para analizar la crisis pero también para proponer directivas constructivas de hondo contenido social cristiano.

En 1983 ustedes nos acompañaron en la lucha por las reformas de la Constitución del 1972. En esas reformas, propuesta del Partido Demócrata Cristiano, se incluyó por primera vez en la historia constitucional de Panamá la garantía de que se respetaría el derecho de los padres de familia a participar en el proceso educativo de sus hijos. Nunca antes, parece mentira, pero nunca antes una constitución panameña había consagrado este derecho. Esta vez se consagró por insistencia del representante demócrata cristiano, con la ayuda de las mujeres demócratas cristianas.

Pero no ha terminado la labor a favor de la familia. Ahora vuelven ustedes a tomar la iniciativa en 1985. Como aquí lo han reconocido algunas de las expositoras, somos el primer grupo, son ustedes en nuestro nombre el primer grupo que inicia el estudio, la discusión en torno al  Código de la Familia. Realmente, luchar por la familia panameña es ser demócrata cristiano. Cuando ustedes lo hacen, están siendo ustedes mismas y están siendo el Partido Demócrata Cristiano al nivel más fundamental.

De pocas cosas me siento tan satisfecho en mi vida política como de una a la que haré referencia en este momento. El 28 de agosto de 1981, en nombre del Partido Demócrata Cristiano me tocó ser el primer dirigente político nacional en proponer la redacción del Código de la Familia. Quiero leerles el texto correspondiente, tomado del diario La Prensa, en el cual me tocó hacer la propuesta. Decía así:

“La crisis de la familia requiere otra cosa que un organismo oficial mas, con sus planillas abultadas, su tráfico de influencias, sus planificaciones pretenciosas, sus relaciones públicas caras y sus gacetillas mentirosas. Requiere una política que toda la comunidad le exija al Estado en materia de empleo, educación, salud, vivienda y seguridad. Una política para ayudar a la familia a ayudarse a sí misma y para que esta ayuda, siempre que sea posible, se realice con y a través de organizaciones y programas independientes, arraigados a la vida misma de la comunidad, en base a una concepción de la familia que sea cónsona con los valores judeo-cristianos, humanistas y democráticos del pueblo panameño”.

Y continuaba en esa propuesta:

“La crisis de la familia requiere un Código de la Familia, que revise e integre nuestra legislación de manera que se refuercen la unidad y estabilidad de la familia, la responsabilidad del hombre como esposo y padre, los derechos de la mujer como esposa y madre, el cuidado familiar y comunitario por los niños y adolescentes y el reconocimiento a la condición de los ancianos. Este Código no puede ser el resultado de elaboraciones más o menos secretas, ni de discusiones artificialmente apuradas; se necesita por lo contrario constituir una Comisión Nacional de la Familia que en plazo fijo proponga al público los lineamientos de una política familiar y los elementos del Código que ahora reclamamos”.

 

Allí estuvo el germen de CONAFA y del Código, en una propuesta del Partido Demócrata Cristiano.

Es decir, lo que ustedes están haciendo aquí responde a lo más profundo de la democracia cristiana, de su ideología, de su programa, de los llamados de su Presidente en nombre de nuestra organización. Luchar por la democracia cristiana, es luchar por la familia panameña, sobre todo por la que menos tiene, la que más aguanta.  Esa lucha que hemos mantenido de múltiples maneras, la continuamos ahora haciendo estudios y promoviendo la discusión pública del Código, para lograr crear, en el mejor ambiente posible, la aprobación rápida de un Código que sea un primer paso en la respuesta de la sociedad panameña a la crisis por la que atraviesa la familia panameña.

Algunas iniciativas prácticas

Quisiera proponerles a ustedes, mujeres demócratas cristianas, algunas iniciativas prácticas en este sentido. Ojalá AFEDEC logré publicar y distribuir, con la colaboración de otros grupos, un folleto sobre el Código de la Familia que, al igual que el folleto que publicamos sobre las Reformas Constitucionales, se distribuya por miles a través del  país,  para que todo nuestro país conozca el proyecto de Código  de nuestra familia panameña; esa sería una gran labor de las mujeres demócratas cristianas. Y como sé que  nada se hace sin “pepitas de marañón”, estoy al servicio de ustedes para recoger “las pepitas de marañón” que hagan posible la publicación y distribución de este folleto.

Quiero proponerles que en todo el país, AFEDEC, por pequeños grupos, visite a todas las asociaciones religiosas, a todas las asociaciones cívicas, gremiales, económicas, para que en nombre de la mujer panameña, de la hija, de la esposa, de la gerente de la familia panameña, pida a todas esas asociaciones que discutan el Código de la Familia, que se pronuncien sobre él, que lo hagan suyo. Quiero también pedir a AFEDEC que visite todos los medios de comunicación, radio, televisión y prensa, para que cada uno de esos medios les dé oportunidad, a ustedes, de presentar lo que saben, lo que estudian, lo que sienten y lo que viven sobre la familia panameña. Quiero pedir que AFEDEC visite a todos los legisladores, no importa de qué bando, para insistirles que el Código de la Familia requiere atención, que el Código de la Familia, con las modificaciones sanas que se le pueden aportar, requiere aprobación, como un primer paso en la respuesta del Estado panameño, de la sociedad panameña, a la familia panameña que todos somos. Sabemos que el Código de la Familia no es una varita mágica, capaz de resolver por sí solo la crisis de la familia panameña, pero es un primer paso; es ponernos en el horizonte un ideal hacia el cual trabajar como panameños, al nivel más fundamental, el de las familias, especialmente de las familias más necesitadas.

La mujer panameña de hoy

La crisis de la familia panameña de hoy envuelve, y a veces encubre y hasta  esconde otra cosa, y de eso  quiero hablar: es el drama de la mujer panameña de hoy. Ustedes no han hablado mucho de ustedes mismas en esta reunión y eso es típico de la mujer panameña. Ve todos los problemas en torno a ella, se dedica a esos problemas y olvida los propios. Quiero llamarlas a recordar su propio drama. De acuerdo con estudios recientes, entre 1,200.000 o 1,300.000, nadie sabe la cifra exacta, de panameños están sin trabajo remunerado, hay 2 mujeres por cada sin trabajo y esa proporción es aún peor, si consideramos el subempleo y no solamente el desempleo. Tenemos que calibrar la honda significación humana y social de estas cifras. Hay que recordar que según los trabajos de CONAFA, la mujer es cabeza de familia en aproximadamente el 30 % de los hogares y, alrededor del 70 % de los niños panameños nacen al margen de cualquier unión matrimonial estable, es decir, nacen sin padre responsable pero con madre que se responsabiliza, porque ustedes no abandonan a sus hijos.

La madre desempleada o subempleada es el único sostén y guía de miles de jóvenes en nuestro país. Eso forma parte del drama de la mujer, del que ustedes hablan tan poco porque están ocupadas en los problemas del resto de nosotros. Hay quienes piensan que la mujer carece de trabajo remunerado por el hecho de que el hombre la mantiene, cuando en realidad, frecuentemente, ella carece de trabajo aún cuando ella tiene que compartir con el hombre o asumir sin el hombre, la tarea de mantener a la familia. En los casos en los que el hombre mantiene a la familia, y se piensa que la mujer es mantenida, lo que sucede es que a la mujer no se le paga su trabajo en el hogar, su trabajo como educadora, su trabajo constante, que no tiene horario, ni derechos, ni Seguro Social, no se lo paga nadie y, a veces, tampoco nadie se lo reconoce. Eso forma parte del drama de la mujer panameña, el que ustedes olvidan por ocuparse de la crisis del resto de nosotros.

Pero eso no es todo. La mujer pertenece a su tiempo. Ustedes no son personas de otra época, son de esta época. Especialmente las más jóvenes, pero no solamente las más jóvenes tienen una nueva imagen de ustedes mismas, nuevas aspiraciones de desarrollo personal,  de superación profesional, de participación social en igualdad con los hombres. La misma sociedad que tanto les exige en cumplimiento de tareas, las reprime en muchas aspiraciones. La realidad que a ustedes les toca vivir se encuentra, muchas veces, en aguda contradicción con lo que quisieran ustedes llegar a ser. De allí que surjan conflictos que son desgarradores por dentro, que comprometen su felicidad e introducen dimensiones de ansiedad e intranquilidad en sus relaciones con los demás. Pero, cómo no va a ser así, si es tan grande el desconocimiento del drama de la mujer panameña, por parte de muchísimos hombres y, a veces incluso por parte de ustedes mismas, que a punta de callarlo parecieran no reconocerlo. Ello requiere de parte de todos, no una retórica sentimental para colocar a la mujer en un pedestal, la colocamos en un pedestal y de allí no se puede mover porque se cae… pero eso no es vida, allí no hay creatividad; mejor coloquémosla con honor al lado de nosotros mismos, en plena igualdad, esa es la suerte que quiere la mujer panameña y a la que tenemos que consagrarnos todos los panameños.

Las invito a que, para poder ayudar a resolver la crisis de la familia panameña, las mujeres demócratas cristianas tomen la vanguardia frente al drama de la mujer panameña de hoy; a que nos enseñen a nosotros, nos exijan a nosotros a ser compañeros de ustedes, en esa lucha por la igualdad real y sustancial de la mujer en la sociedad panameña de hoy; a que lo hagan no de cualquier manera, sino inspiradas en un profundo sentimiento y una profunda visión social cristiana.  ¿En qué consiste esa visión social cristiana de la mujer? En pocas palabras se puede resumir: ser cada mujer más y mejor ella misma, para ser más y mejor compañera del hombre ; ser más ella misma, buscar su identidad, defender su derecho pero ser más ella misma en solidaridad, cada vez más profunda, cada vez más honda, cada vez más igualitaria, con los demás seres humanos.

Sentí un enorme orgullo, en estos días, leer el informe del Departamento de Estado al  Congreso de Estados Unidos sobre los Derechos Humanos. Cuando llega al tema sobre los derechos de la mujer da dos detalles y ambas absolutamente verdaderas. La primera no es muy positiva para Panamá, pues dice: “A la mujer se le reconoce sus derechos sociales pero en la práctica es otra historia”.

En el mismo párrafo se señala, sin embargo, algo que sí es esperanzado: “hay dos grupos de mujeres activos en la política panameña, el grupo UNIDAD y el grupo Acción Femenina Demócrata Cristiana”.

Otras iniciativas prácticas

Me atrevo por ello a sugerirles algunas tareas adicionales. Me dirán que son demasiadas tareas. ¡No! Espero mucho de ustedes, creo mucho en ustedes, creo que sin ustedes no se puede hacer nada nuevo y duradero en este país.

Quiero pedirles, como tarea, extender y dinamizar la organización, la formación, el activismo de AFEDEC. Construyamos sobre lo que ya hemos hecho, que es mucho, porque comenzar siempre cuesta. El trabajo realizado por el I Congreso y por la primera directiva,  debe servir de primer piso sobre el cual construir otros pisos en la estructura de AFEDEC. Por lo menos, dos pisos más antes del próximo Congreso. El piso número dos es que AFEDEC esté presente geográfica y socialmente en todo el país, antes del próximo Congreso. Que no haya una provincia, ni un distrito que no esté representado en el próximo Congreso. Que no haya un sector social y económico que no esté representado en el próximo Congreso. Ese es el piso número dos. Luego, el piso número tres es activarse en nuestro país hasta que digan: allí van mujeres Demócratas Cristianas, cuídense los que se oponen a ellas.

En estos días se produjo un incidente en el [hotel] Marriott, uno de los tantos incidentes parecidos que están ocurriendo en el país. Cuando el doctor Barletta entró  se encontró con un grupo de jóvenes y de mujeres que expresaron lo  que pensaban de él, como se lo había expresado en Penonomé y como se lo iban a expresar en Chiriquí, pero no pudieron porque él no fue. Antes de que llegara, uno de los miembros de la Asociación Interamericana de Prensa, que estaba cerca de uno de los guardaespaldas, oyó cuando el guardaespaldas por la radio comunicaba al Dr. Barletta: “aquí lo espera la Juventud de la Estrella Verde”. La próxima vez que así suceda, el guardaespaldas tendrá que completar y decir: “aquí lo espera, junto con la JDC, la AFEDEC”. Se habrá aprendido el nombre de ustedes, AFEDEC estaba allí pero el guardaespalda no se sabía su nombre todavía. Actívense en nuestro país; muévanlo, que no haya un rincón que no sepa lo que quiere decir AFEDEC.

Ese es el tercer piso de este edificio. Además de extender, dinamizar a AFEDEC para dar todo lo que ustedes son capaces de dar políticamente.

Preocupaciones finales

Debo llegar a una conclusión y no lo puedo hacer sin compartir con ustedes algunas preocupaciones adicionales, las que pueden representar otras tareas para Acción Femenina Demócrata Cristiana.

La campaña contra el narcotráfico apenas comienza en Panamá. Es algo sumamente grave. No tengo, evidentemente, ninguna información particular pero leo lo que leemos todos los panameños. El narcotráfico es algo sobre lo cual no podemos actuar sino con mucha seriedad, porque es de de una extrema gravedad. Todo indica, según publicaciones norteamericanas, que a Panamá se han ido transfiriendo elementos del sistema de narcotráfico, en cuanto a producción, distribución, en cuanto a lavado de dinero y con ello, en cuanto a tolerancia y complicidad, con la correspondiente corrupción. Les pido que tomen conciencia de este problema y que pidan a las asociaciones cívicas se empapen del mismo, que promuevan un rechazo radical, absoluto, hacia todos los elementos del narcotráfico.

En segundo lugar, quiero mencionarles otro tema. Mañana por Radio Exitosa  iré a discutir algunos aspectos de la realidad nacional, que me parecen de singular importancia. Uno se los adelanto: es la situación del IRHE, a todos nos afecta. Puedo decirles lo siguiente: de acuerdo con sus compromisos internacionales, el IRHE tiene que lograr una ganancia de 8.75 % sobre su capital productivo reevaluado. El capital invertido lo revalúan todos los años, y, es por eso, que todos los años al aumentar la suma total del capital productivo, debido a la reevalución, el IRHE tiene que aumentar los ingresos por vía del cobro de tarifas. Este año, el IRHE tendrá que completar la capitalización de Fortuna. Fortuna costó más de B/500.000.00, es decir, casi el doble de lo programado. Lo que significa que el IRHE tendrá que añadir esos B/ 5000,000.00 a su capital productivo. Tengo entendido que una parte ya ha sido capitalizada, y quedan por capitalizar alrededor de B/300,000.00 y, tan pronto capitalicen, el IRHE comenzará el proceso de aumentar las tarifas que cobra al consumidor, para así mantener el acuerdo del 8.75 % de ganancia sobre el capital productivo reevaluado.

¿Hasta cuándo continuará esto? ¿Acaso hemos olvidado la promesa de ya ustedes saben quien, de que iban a invertir y a invertir en hidroeléctricas, para bajar el precio de la electricidad? ¿Acaso se nos ha olvidado el hecho de que unas semanas antes de la última elección, el que estaba de turno, que ya no importa ni acordarse de su nombre, prometió formalmente rebajar las tarifas primero a 7 % y luego 15 % más, y prominentes políticos del PRD se enorgullecían de esa gran obra del proceso revolucionario? Todo ello ha sido mentira. Mentira lo que dijo el que ya ustedes saben quién y mentira lo que dijo el que ya ni nos acordamos de su nombre, y mentira lo que pregonaron los dirigentes del PRD. Lo que terminarán por hacer es aumentar aún más las tarifas.

Hay que luchar contra esto. Estamos ante el problema de un pueblo que se siente acosado en su capacidad de sobrevivir, no digo ya de desarrollarse, es más de mantenerse en el plano de su bienestar básico. Por amor a sus hijos, a sus maridos, a todos sus hermanos, ayuden a nuestro país a luchar contra la droga y ayuden también, ustedes son las guardianas del presupuesto de la familia, a impedir que aumente el costo de la electricidad todavía más.

Por último, y con esto termino, hay quienes dicen que tenemos que prepararnos para 1989. ¡No! ¡No! ¡No! Debemos prepararnos para cualquier  día de aquí a 1989, como van las cosas esto no aguanta mucho más. Nos hemos convertido en la tercera fuerza política del país, con la ayuda de ustedes, las mujeres demócratas cristianas, y queremos mejorar esa posición.

Un pacto

Hay un aspecto de la historia demócrata cristiana que yo siempre mantengo muy presente en mi mente. Frei, Caldera, Herrera Campins, Hurtado, Duarte, han sido presidentes muy diferentes pero han tenido algo en común, además de ser todos demócratas cristianos. Todos ganaron y solo pudieron ganar con el apoyo mayoritario de las mujeres de sus respectivos países. Cuando llegaron al cargo presidencial, todos y cada uno a su manera, respondieron en concreto a ese apoyo poniendo el impulso de su decisión presidencial a favor de la promoción de las mujeres. Debemos recordar que los Centros de Madres los creó Frei; debemos recordar que la más amplia y más profunda revisión reciente de la condición jurídica de la mujer en un país latinoamericano se hizo a instancias de Herrera Campins; debemos recordar que oyendo el clamor de las madres contra la muerte de sus hijos, Napoleón Duarte solo y sin escolta se fue a La Palma, a ver si allí lograba la paz.

Quiero proponerles un pacto. Hagamos un pacto entre ustedes y nosotros, un pacto de solidaridad, más que de eso de amistad, más de eso de amor entre ustedes y nosotros. Un apoyo decidido, entusiasta, como solo ustedes saben dar, al Partido Demócrata Cristiano y una decisión partidaria y, quien quita, un día presidencial, por promover integralmente el desarrollo de la mujer panameña.

Como signo de este pacto usaremos, en los próximos meses, hasta la próxima vuelta decisiva, un lema doble que me viene dando vuelta en la cabeza y dice así: “Sigue a la Estrella Verde”. ¿Cómo? Síguela con tu organización, síguela con tu formación, síguela con tu activismo y con tu mística. “Sigue a la Estrella Verde”, porque “la Estrella Verde sigue”. Sigue denunciando y peleando, sigue proponiendo y construyendo, hasta llegar a una democracia de verdad, a esa unión entre la libertad y la justicia social, tan íntima como la unión entre el hombre y la mujer.

Hagamos de ese doble lema nuestro grito. Les digo a ustedes la primera parte y ustedes me devuelven la segunda. Les digo a ustedes: “Sigue a la Estrella Verde” y ustedes me devuelven: “La Estrella Verde sigue”.

“Sigue a la Estrella Verde”.

“La Estrella Verde sigue”.

Así vamos a continuar hasta lograr esa democracia verdadera, por la que tanto estamos luchando.

Muchas gracias.